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domingo, 11 de agosto de 2013

Fudge Kitchen: Second Round




Poco antes de volver a casa, volví a Fudge Kitchen con la última workawayer que conocería en este viaje, Laetitia, junto a Brett. Deberían darnos una comisión, porque lo visitamos con todos los que conocimos allí!
Una vez más, el local estaba vacío, antes de que -reafirmándose mi teoría- se llenara de gente por nuestra causa.  Según acordó, en cuanto llegáramos empezaría una nueva masa -zurullo para los amigos- chocolate con naranja, casualmente mi masa preferida.
Al llegar Mich nos saludó muy alegre, imagino que el español más efusivo que conoció allí. Además saludé al resto del equipo que no pude conocer antes.  Vendedor nato de su local, nos dió a probar todo el tiempo y nos agasajó cuando pudo, dándonos a probar el chocolate con menta, blanco con nueces, y el resto de delicias que podáis imaginar y leer en su web. Sé que hay más locales por el mundo y EEUU, pero éste es el primero y como el primer beso, siempre se recordará con más cariño -como no podía ser de otra forma, por estar en Mi Escocia-.
Parece increíble como la masa líquida, desparramada por la mesa, va fraguando bajo la tutela de Mich: una vuelta, y otra, estira, recorta, monta de nuevo sobre la masa, vuelte a estirar, recortar, montar de nuevo, así sucesivamente hasta que tenemos nuestro zurullete. Ni que decir tiene que parece que las manos le vuelan mientras la amasa. Cuidado con los  sweet teeth: os derretiréis de ver esa masa caoba deslizarse por la pala del maestro, precipitándose al blanco mármol suave y melosamente una y otra vez. Parecía que en cualquier momento,
Mich modelaría alguna forma en la mesa, algún angelito o algo parecido, con tal de agasajar a su público que cada vez era más numeroso. Iba comentando la jugada a cada momento, sin perder su concentración, y nisiquiera necesitaba usar su potente empatía: todos mirábamos extasiados cómo poco a poco esa masa chocolateada se parecía más y más a las porciones que vendía en su límpido escaparate.

Una vez la masa tiene la consistencia apropiada, comienza a montar el largo zurullete por toda la mesa, sobre el cual le esparce las virutas de naranja. -"Yo no tengo el diente dulce"-explica Mich-"pero no paro de probar todo lo que hago, no sé si es la causa o el efecto".
Antes de trocearlo nos da a probar a todos; yo casi no pillo cacho por estar con la dichosa camarica de fotos, ya que en ese momento disparaba con ella de frente al público, así que le tuve que pedir delante de todos, con la consecuente ola de risas: "Mich, yo también quiero"- le digo con una mueca, orgulloso de mi don escénico- a lo cual me mira con displicencia antes de sonreírme y darme un cachico. En cualquier caso el cachondeo oleaba por todos, así que fue un rato bastante agradable.

Mientras el más jovencico del equipo ya había salido a la calle a atraer más público. El jodío era guapo para ser un chaval, según el canon norteño de ojos claros, tez pálida y perlo rubísimo que nunca me ha chocado demasiado; pero reconozco que llamaba la atención.

El público era en su mayoría gente joven -no especificaré la edad para evitar que los que no pertenezcan al grupo de edad no se me enfaden- y juraría que la mayoría eran noreuropeos; intuyo, por su hablar cómodo y perfectísimo del inglés -
yo me perdí un par de veces en los tecnicismos de la repostería chocolatera- pero todos sonreían y miraban extasiados. Más allá de clichés, el chocolate despierta pasiones, y el ambiente cambió desde que probaron el resultado de tanto trabajo.

Antes de que acabara la mitad de avalanzó sobre el mostrador, y aproveché para preguntar los nombre del resto del equipo y entrar dentro de la zona privada y echar un vistazo al material, la cocina y el almacén.






En ese momento no llevaba suelto, y temí irme de vacío,pero le prometí que volvería antes de volver a casa a llevarme un buen surtido para mi familia. Desgraciadamente aquella mañana de recados no tuve tiempo, así
que de seguro será el primer sitio que pise al volver a Edimburgo a llevarme lo prometido.











Encontradlos en la web en http://www.fudgekitchen.co.uk/ o en Facebook. Se puede comprar online aunque sinceramente, nunca lo he probado desde España...



No repartí tarjetas porque ya lo hice la primera vez que nos conocimos, pero sí les recomendé Águilas y les señalé con un dibujo improvisado de España -ni Magallanes lo hubiera esbozado mejor, oiga- dónde se encontraba mi maravillosa ciudad. Quizás intuyó que no podría volver antes de irme, o le emocionó mis magno discurso de mi lugar de procedencia, pero me regaló mi último pedazo de chocolate a la naranja que comería en el viaje. Sonrió viéndome alejarme pegándole un bocado digno de quien no ha desayunado, lo que me hizo pensar que probablemente lo que buscaba era callarme de una vez...





martes, 28 de mayo de 2013

Fudge Kitchen, Edinburgh


Hace unos días tuve la oportunidad de visitar la tienda FudgeKitchen de Edimburgo. No conocía estos locales, cuya receta de origen proviene de Virginia, y el método se remonta hasta 1830. La imagen típica es la del artesano amasando dulce y maravilloso chocolate con increíble cantidad de sabores disponibles sobre su mesa de mármol, extendiéndolo delicadamente sobre la encimera para expectación de todo aquel que quiera ver el espectáculo -peligrosa tentación si tienes el diente dulce-. 
 La tarde que estuve allí tuve la suerte de estar solo con los chicos que atienden el establecimiento de Edimburgo -excepto una chica que no conocí- y pude conversar con ellos sobre el local, España, política, inmigración,etc. 

Mi amigo Brett ya conocía el establecimiento, así que me decidí por una caja de cuatro. Para los que no los conozcáis, la masa de fudge fresca, una vez solidificada se corta en porciones, y ésas son las que  compra el cliente. Se trata de porciones con un sabor potentísimo, por lo que una porción puede durarte días -tengo en mente a una chica que le duraría quince minutos, pero ése es otro tema, (gata)
Imagino que podéis imaginar la cantidad de variados sabores disponibles: chocolate puro, chocolate con naranja - mi preferido- nata con whiskey, nueces con cualquier cosa, cualquier cosa con toffee -he aprendido a adorarlo aquí en Escocia- cualquier cosa con cualquier cosa vamos...
Por suerte para ellos,  y como es costumbre en nuestra familia, en poco tiempo se llenó de gente...para los que no estén familiarizados: mis padres, mi hermano y yo tenemos el "encantamiento de la atracción", que consiste en una habilidad innata para llenar de gente locales en los que entramos y están vacíos. Podríais pensar que es casualidad, o que te fijas sólo cuando están vacíos, pero os aseguro que me ha pasado más de una, dos, cinco, o diez veces. Incluso, he llegado a pasar dos veces por un escaparate y verlo vació, y cuando entro yo, al segundo empezar a venir gente. Me pasó lo mismo 10 minutos después en una joyería, creedme.

Truculentas historias aparte, os recomiendo que si venís o tenéis oportunidad y ganas, os paséis y degustéis esta pasada de productos; yo pienso pasarme cada dos días cuando viva aquí definitivamente.
Ni que decir tiene que los chicos fueron increíblemente simpáticos,
...como podrían no serlo trabajando en un local así. En cualquier caso. envío un saludo enorme y cordial a Will Tebbutt, Ray y Robin, hasta ahora, los tipos más cachondos de Edimburgo, sobre todo cuanto Ray, al darle mi tarjeta empezó a leer las cita que imprimí en el dorso de la misma. ¡Es impresionante cuánta gente maneja el español aquí!


Compañeros, os veo pronto, y os recuerdo que antes de irme os haré una larga visita!

Os dejo la web, picarones, que sé que estáis babeando!


jueves, 23 de mayo de 2013

Edimburgo: Calton Hill y Calton Cemetery

Una de las tardes que pasé en Edimburgo con mi amiga B me enseñó el Calton Cemetery; hay a quienes nos gustan los cementerios, mire usted, yo soy uno de ellos, y si estás en un país del norte con parte de orígenes célticos y amante de la piedra, es un lugar obligado para ir, sobre todo porque allí están enterrados varios de los personajes emblemáticos del Scottish Enlightement (buscad en internet: como sabéis, nunca pongo información objetiva, es innecesario, hoy en día tenemos información de todo).
 Hay un par de fotos magníficas de Calton Hill, pero reconozco que no me fue difícil disparar ni calibrar: Edimburgo se deja querer....


Digno es mencionar que leáis con atención la imagen; se trata de una familia que perdió decenas de miembros, muchos de ellos jovencísimos...
Estamos ya en Calton Hill, este banco está próximo a la última subida...así como el cañón portugués que dió la vuelta al mundo, y regresó del quinto pino para acabar simbólico en Edimburgo...
No conocía la tradición de los bancos en Reino Unido, me pareció brillante, como todo lo que es bellamente  práctico; por si alguien no lo sabe, trata de que la familia que pierde un ser querido donde un banco a la ciudad, en el parque o lugar donde esa persona solía pasar su tiempo. Estos bancos suelen tener una plaquita más o menos conmovedora de quién fue. De esa forma, la ciudad no sólo se nutre de algunos bancos gratis, si no que otorga un sentido, humanidad  y una emoción preciosa al espacio; aparte de la belleza literaria, de la idea de que, donde ella se sentó, se sientan otros, la vida sigue, el mundo continúa, y nos queda una placa en recuerdo, que algún día nadie conocerá más...